Sociólogo, Licenciado en Derecho. Jubilado. Exdirector de la Escuela Taller de Castro Urdiales. EquoCantabria. Diseño gráfico, cine, pintura, literatura , ecología y setas. Arqueología industrial. Vías verdes.
Después de un año sigo sin entender cómo es posible que el Ayuntamiento de Castro Urdiales haya aprobado el Convenio Lolín. Un convenio urbanístico que consiste en la recalificación de suelo industrial que ocupa la fábrica de Anchoas de Castro Urdiales para implantar un centro comercial con un aumento de la edificabilidad de 2.479 m2, y por el que el Ayuntamiento obtendrá la construcción de una pasarela ciclista y 1.000 m2 de espacio deportivo en una de las zonas del centro comercial. Tanto la propiedad, Conservas Lolín, como el Ayuntamiento, gobernado por CastroVerde, han saludado esta operación como muy favorable para el “interés general”, habida cuenta de que ello va a significar también el traslado de una fábrica a la zona industrial y en su lugar, a la entrada del casco urbano de Castro, se creará un nuevo centro comercial (dicen que será Mercadona) con la creación de 45 puestos de trabajo ampliables a 90 con las tiendas que allí se instalen. “Creación de puestos de trabajo”, “interés general”, algo que no podría faltar en la justificación de este convenio urbanístico que sale adelante gracias a la mayoría que suman CV y PRC en el Ayuntamiento de Castro Urdiales, con alguna oposición (MAS Castro, EQUO, Podemos) , y la complaciente abstención del PSOE y del PP. El Convenio Lolín se perfila como un negocio empresarial que rediseña una parte muy importante de la ciudad de Castro Urdiales, en la que, desde mi punto de vista, se obtiene un altísimo aprovechamiento y beneficio económico para la parte privada en comparación con las escasas ventajas que quedan para la ciudad y, también desde mi percepción, este futuro centro comercial es contraproducente para el desarrollo de la ciudad.
En ausencia de relato para dibujar el futuro de Castro Urdiales prevalece un lema que se extiende como un sonsonete: “Lo que es bueno para Lolín es bueno para Castro”. La frase, todo un proverbio por el contenido moral que contiene, es insistentemente repetida por Jesús Gutiérrez, promotor del Convenio Lolín, dueño de la Fábrica de Anchoas, hasta hace medio año portavoz del PRC en Castro Urdiales, y serio aspirante a ocupar la alcaldía de Castro Urdiales tras las próximas elecciones de 2019. “Lo que es bueno para Lolín es bueno para Castro” más que un proverbio es una manera de entender la ciudad y el municipio de Castro Urdiales que se construye desde el pensamiento liberal que nos traslada a los tiempos del gran teórico de la economía de mercado capitalista Adam Smith: “Lo que es bueno para el capital es bueno para la sociedad”, proclamaba el economista británico, porque cuantos más beneficios obtenga el empresario ello significará un aumento de la riqueza y de la prosperidad de la colectividad. Por la misma razón, en Castro Urdiales deberíamos aceptar que el Convenio Lolín, bueno para Anchoas Lolín, bueno para Mercadona, va a repercutir favorablemente en las familias castreñas lo que significará también un aumento de la riqueza y la prosperidad para Castro.
Decodifiquemos. “Lo que es bueno para Lolín es bueno para Castro” nos transmite una visión totalizadora de la sociedad, que no es otra que a Castro le irá bien siempre que a Lolín le vaya bien, lo que implica una ciudad que pende de la iniciativa de su grandes promotores, una sociedad a la expectativa, que aplaude o asiente las iniciativas de sus grandes emprendedores, una sociedad, también, de electores. Porque “Lo que es bueno para Lolin…” es también un eslogan anticipado de la campaña que llevará a Jesús Gutiérrez a la alcaldía con la mejor tarjeta de presentación posible, la del empresario de éxito que mejor sabe “lo que es bueno para Castro”.
Mientras el proverbio se cumple, a mí se me ocurre que es necesario cambiar el pronóstico, pensando en que la ciudad se puede y se debe diseñar de otra forma, y acaso, invertir los términos, hacer viceversa y proclamar que “LO QUE ES BUENO PARA CASTRO, ES BUENO PARA LOLIN”. Esto implica que hay que ocuparse en primer lugar de la ciudad, de sus necesidades, de la importancia que la zona de Brazomar puede significar para mejorar el hábitat urbano, de la recuperación del dominio público de la ría, de la posibilidad de generar equipamientos públicos que convivan con nuevos usos (comerciales, residenciales, hoteleros…); de solucionar los problemas de tráfico, favorecer la movilidad urbana, promover la restauración ambiental del entorno de la ría… Hacer viceversa quiere decir, sobre todo, otra forma de hacer el urbanismo más allá del negocio con un empresario, contar con el conjunto de empresarios de la zona, con la participación de expertos y del conjunto de la ciudadanía. Estoy convencido de que por este camino seríamos capaces de encontrar mejores soluciones que la que nos ofrece el Convenio Lolín para mejorar la calidad urbana de la ciudad y del municipio, algo bueno para Castro, y también para los empresarios de Brazomar, también para Lolín.
Pero por mucho que me encargue de hacer pronunciamientos para invertir las reglas de juego mucho me temo que mi perplejidad perdure. Lo más probable es que sigamos con esta perversa inercia de hacer en Castro Urdiales lo mismo que venimos haciendo en los últimos veinte o treinta años, consolidar que lo que sea bueno para algunos no sea bueno para Castro; este ha sido el designio fatal de la historia reciente de nuestro urbanismo. Así que el siguiente paso que nos asiste será la aprobación del modificado del Plan General nº 23, la recalificación, el centro comercial, y dar por bueno todo lo que nos digan que es bueno, y todos tan contentos.
Calendario de 2018 para recordar la necesidad de restaurar el cargadero de Dícido. Mioño (Castro Urdiales). Declarado BIC en 1996. Adaptado al calendario laboral de Cantabria. Fiestas locales de Castro Urdiales: 26 de junio, San Pelayo; 30 de noviembre: San Andrés.
El pasado 15 de noviembre estuvimos en La Vorágine participando en el ciclo sobre MILITANCIAS, y a mí me toco hablar sobre “Castro Novo, militancia por una urbanismo sostenible”. A lo largo de la entrevista coloquio quise trasladar la importancia de un hito como la Consulta Popular de Castro Novo, un hecho histórico que tuvo una enorme relevancia y que yo ensalcé como una experiencia democrática singular y única en España, “un monumento a la democracia y a la participación ciudadana digno de ser estudiado”, dije. Hoy, 16 de diciembre de 2017, treinta y ocho años después, pongo algunas notas, reflexiones, y transcribo una parte del material guardado desde entonces, un avance de una historia que merece ser contada.
Lo que queda hoy en la memoria de la gente de Castro Urdiales sobre Castro Novo y la consulta popular de 1.979.
Hace poco en una reunión con mis alumnos y alumnas de la Escuela Taller, les pregunté ¿sabéis lo que es Castro Novo?
No tenían ni idea: de los 22 jóvenes, entre 18 y 29 años presentes, tan solo una chica de 29 años, Naiara, se acordaba de que había oído hablar a sus padres pero realmente no sabía a qué se referían. Inquieto por el resultado de mi sondeo, me puse a calcular la gente de Castro Urdiales que hoy, treinta y ocho años después de la Consulta Popular, conoce y sabe de Castro Novo.
De las personas que tenían edad de votar en 1979, ahora quedan vivas las dos terceras partes aproximadamente. La realidad sociológica de Castro Urdiales ha cambiado mucho, han sido muchas las personas residentes que llegaron a Castro Urdiales a partir de mediados de los años noventa que no han conocido la historia de la ciudad que habitan, y que apenas han oído hablar de Castro Novo. Si sondeáramos a los que tienen menos de cincuenta años, pocos, muy pocos conocen de qué trataba aquella historia. Según mis propias estimaciones (elaboradas a través de las tasas de mortalidad y el crecimiento poblacional habido en Castro Urdiales en las últimas décadas) tan solo el 17 % de la población con derecho a voto hoy de Castro Urdiales, es la que pudo votar en 1.979 en la Consulta Popular de Castro Novo.
Castro Novo apenas ha quedado relegado a ser una fecha en el calendario que, si algún medio de comunicación lo tiene anotado, es posible se produzca alguna tertulia, como en la que participé, en Castro Punto Radio, justamente el año pasado, el 16 de diciembre. En ella la periodista plantea una pregunta que incorpora una sensación de fatalidad, de frustración: “¿Acaso no era mejor aquel proyecto que lo que tenemos ahora en Cotolino?”. Es mejor responderse a esta pregunta cuando sepamos en qué consistía este proyecto.
Cuando se cumplió el treinta aniversario, la asociación ciudadana OTRO CASTRO ES POSIBLE reivindicó el espíritu de la consulta popular, para recordarle al Ayuntamiento que tenía la obligación de organizar una consulta popular sobre el Puerto Deportivo.
Solo quiero avanzar que durante unos diez años, la consulta popular fue celebrada en cada aniversario, cada 16 de diciembre, y así sucedió mientras duró la actividad de ICU (Izquierda Castreña Unida) y de Proel, periódico popular de Castro Urdiales (que se edita entre 1978 y 1987). Con la desaparición de ICU y de Proel la fiesta-aniversario ya no se celebra y Castro Novo se sumerge en el olvido.
Pegatina de la fiesta del segundo aniversario de la Consulta Popular.
La fundación Pollock ha presentado una demanda contra mi nieta, la pintora castreña Mendia Olabarrieta, por plagiar la obra del pintor expresionista americano, dañando con ello su prestigio intelectual, por lo que exige una indemnización de veinte millones de dólares para compensar los daños morales infringidos a la memoria del creador de la Action Painting.
Mendia no entiende nada. Y yo tampoco. Lo que sé es que mi nieta echó mano de los rotuladores de su hermano Beñat, la noche de San Andrés, y nadie la pudo controlar, ni siquiera sabíamos que en sus manos había tomado el rotulador acrílico negro que daría pie a las sospechas de plagio. Ciertamente Mendia ha utilizado la misma técnica que el célebre pintor, pero a nadie se le ocurrió que la “pintura en acción” estuviera vetada en una niña de diecinueve meses que, a diferencia de Pollock, pinta desde su propia espontaneidad sin mediar las noches de alcohol que precedían al proceso creativo del pintor norteamericano. Si la niña prodigio de la pintura no “pinta en acción” no sé de qué modo puede pintar en sus primeros años de vida.
“Opus Black Number One”. Mendia Olabarrieta, 2017. Acrílico sobre papel.
La Fundación Pollock (Pollock-Krasner Foundation) dice que la obra de Mendia titulada “Opus Black Number One” está copiada de la “Number 5 Elegant Lady” pintada por Pollock en 1951, o de la “Number 7” pintada el mismo año, o quizás de “Untitled Number 6”. Expertos en expresionismo abstracto consultados me confirman que es imposible plagiar varias obras a la vez, y que lo sucedido con la obra de Mendia y la de Jackson es que seguramente estaban en lo mismo: expresar sus emociones más primitivas, mostrando su expresividad de dentro a fuera sin más limitaciones que el lienzo o la hoja de papel. «La diferencia es que Pollock plasmó sus goteos en negro en uno de los momentos más difíciles y pesimistas al final de su vida, mientras que la pintora de Castro Urdiales expresa en negro su delirio vital por las transformación de las cosas; el pesimismo de uno y la vitalidad de la otra se encuentran en una simbiosis creativa digna de ser contada», me dice uno de los expertos de arte sin entender muy bien que es lo que me quiere decir.
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Me he puesto en contacto con la familia de Mendia y estamos de acuerdo en negociar con la Pollock Foundation para evitar conflictos mayores, así que vamos a proponer a los americanos subastar la pintura de Mendía y dedicar el dinero resultante a fomentar la creatividad de la infancia en todos los lugares del mundo.
Información obtenida en periodo de información pública en la Dirección General de Urbanismo, el 30 de noviembre de 2016, en el que pude ver la documentación que acompaña al Informe Ambiental Estratégico y fotografiar algunos documentos que lo acompañan:
Estos son los planos que definen las características de la recalificación de la parcela de la Fábrica de Lolín:
Antes de seguir conviene aclarar que lo que persigue el CONVENIO LOLÍN es el MODIFICADO DEL PLAN GENERAL Nº 23. Las características del proyecto de modificado no han sido publicadas en la web municipal a pesar de haberse reclamado insistentemente por mi parte. De hecho la falta de información y transparencia ha sido una de las alegaciones que se han planteado en periodo de alegaciones.
El 5 de enero de 2017 doy a conocer las características del MODIFICADO PUNTUAL Nº 23 DEL PGOU. Conocido el proyecto, escribo opinando sobre esta operación y sobre la forma en la que se acomete el Urbanismo en Castro Urdiales. Estos son los enlaces en los que escribo sobre el Convenio Lolín:
Conocido el texto inicial del Convenio (el texto definitivo apenas sufre correcciones) presento junto a mis compañeros de EQUO Cantabria escrito de alegaciones. También
Escrito dirigido al Ayuntamiento en relación con el pago del sobrante vendido por el Ayuntamiento a Anchoas Lolín en 1997 a través de una compensación sobre la base de una supuesta subvención del Ayuntamiento a la Fábrica de Anchoas sobre la que no existe ningún expediente administrativo en el Ayuntamiento:
La película «Comanchería» (extraña traducción dada a la distribución en España) es una cinta con alta dosis de drama social y triller policíaco, a medio camino entre el Western y una Road Movie… nos recuerda a muchos géneros, y nos transporta (la banda sonora es muy explícita) a lo más country y profundo del estado de Texas, a la América de hoy mismo, con gente jodida y al borde de la locura, aplastada por una realidad que les asfixia y les deja sin esperanza.
Voy a reproducir en fotogramas tan solo una de las escenas, a mitad de la película, en la que tras una infructuosa persecución de dos atracadores de sucursales bancarias, el cheriff (Jeff Bridges) y su ayudante de raza india (Gil Birminghan) reposan frente a una sucursal bancaria del Texas Midlands Bank, y dialogan sobre la nueva estrategia a seguir:
AYUDANTE:
¿Y este es tu plan? ¿Nos quedamos aquí sentados a ver si roban esta sucursal?
SHERIFF:
Qué prefieres ¿hacer cien kilómetros de vuelta a Onlie para ver más huellas que no encontraremos? O prefieres hacer trescientos kilometros de vuelta a Loogok para ver fotos que no importan porque nadie sabe que pinta tienen esos cabrones… O podemos esperar aquí a que roben este banco ¡que es lo único que harán!
AYUDANTE:
Ya se lo que quieres. Intentas que esto dure lo más posible porque cuanto más dure estarás más lejos de tu porche (en referencia a la vida que le espera tras la jubilación).
SHERIFF:
Nooo…! Estoy esperando que esos chicos metan la pata, no lo han hecho pero lo harán ¡y lo harán aquí!. Tranquilo. Disfruta de este pueblo.
AYUDANTE:
¿Te gustaría vivir aqui? Tienen una ferretería que cobran el doble que en un centro comercial. Un restaurante con una culebra por camarera. ¿Cómo se supone que se gana la vida por aquí?
SHERIFF:
Llevan ganándose la vida ciento cincuenta años.
AYUDANTE:
Y la gente vivió en cuevas durante ciento cincuenta mil años, pero ya no lo hacen.
SHERIFF:
Bueno, eso sería tu pueblo.
AYUDANTE:
Tu pueblo también. Hace mucho tiempo tus antepasados eran indios… hasta que vino alguien que los mató. Los esclavizó y te convirtieron en uno de ellos. Hace ciento cincuenta años toda esa tierra era de mis antepasados, todo lo que se ve… todo lo que viste ayer. Hasta que los abuelos de esta gente se la quitaron. Y ahora se la quitarán a ellos. Pero no lo hace un ejército, sino ¡esos hijos deputa de ahí! (señalando a la sucursal bancaria).
El Ayuntamiento de Castro Urdiales ha aprobado el convenio urbanístico con Anchoas Lolín al que me he referido en este blog en más de una ocasión. El convenio se ha aprobado en sesión del Pleno de 30 de mayo de 2017 con los votos a favor del equipo de gobierno (CastroVerde) y del PRC (grupo político cuyo portavoz, Jesús Gutiérrez, es dueño de la empresa y parte de este convenio). El concejal de MAS Castro ha votado en contra, y los concejales del PSOE (4) y del PP (6) se han abstenido con lo que su posición es irrelevante, pues gracias a los votos a favor, pero también gracias a las abstenciones, el convenio Lolín ha salido adelante. Ahora, el Ayuntamiento deberá tramitar el modificado del Plan General, y a la vista de lo que se plasma en el debate este modificado se presenta como un mero trámite en el que volverán a reproducirse los votos a favor, el voto en contra y las abstenciones.
«Los técnicos dicen que todo es correcto».
Es sabido que la aprobación de este convenio ha motivado mi baja de CastroVerde, pero más allá de esta anécdota lo que refleja este hecho es una forma de entender la política de la ciudad que echa por tierra los planteamientos por los que ayudé de forma decisiva a la fundación de aquel partido verde cuyo color hoy no encuentro. En vez de estudiar y debatir lo que queremos para nuestra ciudad se ha optado por una de las formas más excepcionales (y muchas veces perversa): la planificación urbanística como resultado de un negocio con un particular. No voy a insistir sobre lo que ya he opinado en relación con la magnífica oportunidad de planificar el conjunto de la zona de Brazomar pero si quiero pronunciarme por algo que me parece muy importante en relación con las responsabilidades a la hora de aprobar un convenio urbanístico.
Un concejal amigo, de CastroVerde, me lo recordaba hace poco: “los técnicos dicen que todo es correcto”. Se produce una delegación de responsabilidades en el sentido de que puesto que los técnicos emiten informe favorable “el convenio es bueno para el interés general”, y tantas veces se ha repetido el lema que al final se ha convertido en un acto de fe, es decir, de creencia ciega en lo que dicen los técnicos y las personas que han negociado este convenio. Hay una especie de traslado de la responsabilidad “a lo que digan los técnicos”, y se olvida que las opciones de hacer o no un convenio no son una cuestión solo técnica, o solo jurídica, sino esencialmente política, o si se prefiere de política urbana, de cómo hacer el urbanismo que queremos para nuestra ciudad (con los técnicos, con los políticos y con el conjunto de la ciudadanía).
Pues bien, uno de esos técnicos, el de Administración General del Ayuntamiento de Castro Urdiales, José Antonio Gutiérrez Olivares, ha sido el encargado de responder a las alegaciones presentadas contra este convenio por Alejandro Gil, EQUO Cantabria, Podemos Castro, hermanos Barco, y comunidad de propietarios de El Paraíso. En su informe de contestación, el asesor jurídico del Ayuntamiento va desmontando todas y cada una de las alegaciones presentadas, algunas veces con argumentos acertados (o bienintencionados), otras obviando el contenido de lo alegado (es decir, haciendo mutis), y en más de una ocasión introduciendo juicios de valor que chirrían sobre lo que debe ser una argumentación jurídica. Esto último, la descalificación de uno de los alegantes (EQUO Cantabria) en un informe es lo que merece mi respuesta. Diré que cuando se presenta un escrito de alegaciones, quienes lo hacemos podemos argumentar en derecho y emitir juicios de valor, exponiendo las razones por las que entendemos que el convenio debe ser desestimado. Pero un informe jurídico debe constatar hechos y motivar sus respuestas en derecho, sin remozarlo con juicios de valor ni prejuzgar las intenciones del alegante. El escrito de alegaciones de EQUO Cantabria es un extenso argumentario sobre política urbana, aportando hechos y motivando en derecho, tratando de dar una respuesta alternativa al contenido de este convenio: a su memoria justificativa, a sus cláusulas, al conflicto de intereses del concejal, y a la posible apropiación de suelo público sobre la propiedad objeto de este convenio. Nuestro escrito quiere poner sobre la mesa que el Convenio Lolín es un error, que tenemos la convicción de que es ilegal, y que hay otra manera de promover la ordenación de la zona de Brazomar muy diferente a la que se plantea en este negocio jurídico. Es probable que mucho de nuestros argumentos sean rebatibles, sobre todo cuando entramos a valorar conceptos tan elásticos como el “interés general”, pero a la vista del informe de alegaciones y la forma de hacerlo mi impresión es que estamos removiendo cuestiones que resultan muy incómodas, tan incomodas como a veces lo es la verdad.
No voy a hacer análisis detallado del contenido del escrito de contestación a las alegaciones, pero si me voy a referir a tres cuestiones que me han llamado la atención.
Alegaciones constructivas y alegaciones que no lo son. Las que plantean “una actitud crítica constructiva” o “sana crítica”, y las que “resaltan títulos y expresiones como falsedad, prohibición, usurpación, investigación y denuncia”.
A lo largo de todo su escrito José Antonio Gutiérrez se empeña, y lo hace con reiteración, en desacreditar las alegaciones de EQUO Cantabria, lo dice como si tal cosa. “Así como la alegación anterior (se refiere a la del ciudadano Alejandro Gil) tiene un contenido muy crítico, pero muy constructivo, en el presente (se refiere a la de EQUO Cantabria) los términos que más resaltan son los títulos y las expresiones como falsedad en los hechos, prohibición para la suscripción, usurpación, investigación y denuncia. Las alusiones personales son numerosas también, y prácticamente todas las discrepancias con el convenio, que son todas, equivalen a una descalificación de algo o de alguien”.
Más adelante sigue: “no tiene nada que ver recibir una sana crítica técnica o jurídica, y poder valorar las cuestiones con una perspectiva que no se hubiera tenido en cuenta (propósito de la participación ciudadana) con dar lectura a un escrito en el que se limita a argumentar con la mayor autoridad la falsedad de los hechos que justifican la causa de interés público…”.
El técnico de Administración General no se corta y cuando entra a informar las alegaciones de PODEMOS vuelve a la carga diciendo: “En la alegación de Podemos Castro Urdiales, se vuelve, afortunadamente, a una crítica de la actuación, manifestando su discrepancia total con este convenio. Pero no manifiesta que se esté falsificando nada, ni categóricamente que se esté usurpando suelo (en alusión a EQUO Cantabria). Simplemente plantea que existen indicios de que pudiera darse esa usurpación”.
El técnico informante ha de saber que los escritos de alegaciones no tienen nada que ver con la buena o mala crítica, ni esa es cuestión que ha de ser juzgada por un técnico municipal. Cuando un ciudadano presenta alegaciones a un plan o convenio, o lo que sea, lo hace con el derecho a presentar las razones que considere para que sean tenidas en cuenta en la resolución definitiva o acuerdo. O sean rechazadas de forma motivada. La función del técnico no es juzgar al ciudadano que alega, sino responder conforme a derecho a cada una de las alegaciones presentadas.
Rocambolesca justificación del aumento de la edificabilidad y del aumento de la ocupación de la parcela.
Varios de los alegantes, casi todos, nos hemos pronunciado a propósito del increíble e injustificado aumento de la edificabilidad del nuevo centro comercial, así como del aumento en la ocupación de parcela. No conozco los demás escritos, pero en el caso de EQUO Cantabria, hemos aducido incumplimiento de la propia ordenanza municipal del suelo productivo y de la propia ley del Suelo de Cantabria. Pues bien, el informe acude a una rocambolesca interpretación del art. 7 de la ley estatal del Suelo para justificar que el aumento de la edificabilidad (nada dice de la ocupación) se extralimite legalmente en este caso, es decir, que puesto que se van a producir cesiones de dotaciones a favor del Ayuntamiento, estaría justificado el aumento de la edificabilidad, dicho de una forma excesivamente simplificada por mi parte. Léanse las páginas, 20-22 del escrito de contestación, a ver si entienden algo. Vamos a ver, que si en el edificio de la Cofradía, por poner un ejemplo, se hiciera un reforma para aumentarlo en diez alturas, y ello implicara una edificabilidad que multiplicara por sietre lo establecido por la ordenanza de suelo urbano, esa reforma estaría ajustada a derecho porque el Ayuntamiento podría llevarse un buen pellizco en cesiones para dotaciones (por ejemplo, una planta entera para hacer un auditorio) además de unos millones de euros en concepto de aprovechamiento.
No sé a qué viene salirse por esos cerros cuando lo que se plantea no es que se haya producido un aumento de la edificabilidad (o de la ocupación) sino que la edificabilidad (y la ocupación) que se da al nuevo centro comercial está muy por encima de lo que permiten las ordenanzas del Plan General (que están para cumplirse) y de la propia ley del Suelo que fija que en suelo productivo la ocupación de parcela no deberá exceder de los dos tercios de superficie. Esta cuestión sigue sin contestarse, volveremos sobre ella cuando presentemos Recurso Potestativo de Reposición y espero que la CROTU ponga orden en este asunto.
El Ayuntamiento ha aprobado un convenio urbanístico bajo sospecha de apropiación de suelo público.
Siempre que he podido explicarme he manifestado que cuando me intereso por el convenio Lolín no espero encontrarme con que se ha esfumado el suelo público que rodeaba a la fábrica. En el escrito de alegaciones mi preocupación con este convenio es otra. En el propio Escrito de Alegaciones destacamos como positivo el traslado de las fábricas, pero reseñamos el plural y decimos, que “hay que hacerlo con todas las fábricas, no solo con la de Lolín”, lo que significaría una magnífica oportunidad para hacer una verdadera transformación urbana del entorno de Brazomar para permitir la recuperación de la ría de Brazomar, la obtención de equipamientos públicos, y la definición de los usos, comerciales, hoteleros o residenciales, los que sean más adecuados con las necesidades de la ciudad. Mi primera y principal preocupación era la de intentar demostrar que se puede hacer política urbana más allá de los resultados de un convenio particular, poniendo por delante objetivos más acordes con el interés general.
Plano aportado por la propiedad en la que se atribuye el espacio pintado en fosforito, espacio calificado por le PGOU como espacio peatonal que en la actualidad está metido dentro de la fábrica de Anchoas Lolín.
Enseguida me llama la atención que la propiedad pretende atribuirse un exceso de superficie en su parcela, justificándolo por errores topográficos de los planos del Plan General, pero lo que observo es que esos «errores topográficos» son en realidad espacios públicos (zonas peatonales) se han metido intramuros de la fábrica: unos de propiedad municipal del antiguo ferrocarril comprados por el Ayuntamiento a la FEVE en 1.974, y otros que debieran haberse respetado como espacio peatonal tal como se señala en el plano del PGOU. Espacios de dominio público presuntamente usurpados por el dueño de la fábrica.
Cuando se constata que ha habido una posible usurpación de suelo público no caben posiciones intermedias, hay que decirlo. Hay que denunciarlo. Es mi obligación como empleado público y como ciudadano. A pesar de ello, en el escrito de alegaciones que presentamos EQUO Cantabria, tras adjuntar los planos que demuestran la «transformación» del suelo peatonal en suelo de la fábrica de Lolín, lo que se pide es que SE INVESTIGUE:
“que se ordene la apertura de un expediente de investigación y recuperación de oficio de la propiedad municipal y de los espacios públicos presuntamente usurpados”
Esto es lo que pedimos, y lo que el Ayuntamiento ha rechazado. En el informe de contestación se omite esta consideración, y se justifica la inacción sobre la base de lo siguiente:
No sé si el informante nos está avisando de una posesión pacífica por la que los terrenos presuntamente usurpados hubieran usucapido a favor del propietario de la fábrica, pero me parece muy preocupante que una cuestión tan grave como esta se despache de esta manera tan… ¿cómo decirlo? ¿frívola? ¿Es que no hay nadie en este Ayuntamiento que sea capaz de entender que NO SE PUEDE HACER UN CONVENIO URBANÍSTICO SOBRE UNA PROPIEDAD EN LA QUE según se demuestra en la documentación aportada EL PROMOTOR DEL CONVENIO HA PODIDO ADUEÑARSE DE SUELO PÚBLICO?
No es nada cómodo para mí cuestionar el papel de los técnicos municipales, cuyo trabajo es imprescindible para que los servicios públicos se realicen en condiciones de calidad, pero tampoco voy a encajar que se culpabilice al ciudadano denunciante por exigir a la Ayuntamiento que actúe y defienda el dominio publico.
En enero de 2014, EnerPlus, cooperativa energética de Cantabria para el fomento de las energías renovables y la alternativa al actual modelo energético, organizó una charla informativa en Castro Urdiales.
En aquella ocasión me planteé hacer un cartel para informar de un acto y al mismo tiempo dar alguna pista para animar a la concurrencia a dar un paso más y hacerse socios de EnerPlus, la cooperativa energética, por eso concebí un cartel con más información de lo habitual, en la que el texto descansa sobre colores casi planos, muy naturales, y plácidos, los de un paisaje por el que paseo a menudo y que para mí tiene también una cierta inspiración rothkiana, abstracción y realidad, proximidad y lejanía
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También se me ocurrió otra versión más rotunda y energética, representando con un toque de ironía y tragicomedia a uno de mis iconos más dibujados:
Debí quedar bastante persuadido por la cartelería que no dudé en apuntarme y me hice socio aportando 100 euros. Tres años después seguimos dibujando, y apostando por lo mismo de entonces. La cooperativa Enerplus, ahora tiene un nombre mucho más poético, SOLABRIA, pero el modelo energético no cambia, no nos lo cambian, porque nosotros tampoco hacemos lo suficiente para cambiarlo.