El reparto de trabajo mediante la reducción de la jornada laboral para que otros puedan trabajar es una idea que empieza a plantearse como medida para luchar contra el paro. Equo, el nuevo partido verde de España, lo reclama como acción urgente para paliar esta crisis. Es, sin lugar a dudas, una propuesta innovadora y valiente para crear empleo, pero va mucho mucho más allá, ahondando en valores que invitan a transformar una sociedad productivista e insatisfactoria.
Consiste, básicamente, en entregar tiempo de trabajo y salario para que empresarios y administraciones contraten desempleados, repartir el trabajo para que trabajen más personas.
Supongamos una reducción de un 20% de jornada por trabajador, es decir, un día de trabajo a la semana. El ahorro por la reducción de costes iría destinado exclusivamente a crear puestos de trabajo, es decir, a la contratación de desempleados en las áreas de mayor necesidad para la empresa y en sectores que vayan dirigidos a su vez a la promoción del empleo, y que produzcan sinergias favorables para generar actividad y empleo. Previamente los trabajadores y la empresa se han puesto de acuerdo para redefinir las áreas estratégicas y las funciones que desarrollarán los nuevos trabajadores contratados. La primera premisa, por tanto, para que esta propuesta sea exitosa es que sea el resultado de un plan pactado, pues a los trabajadores y al empresario les interesa que la reasignación de efectivos produzca beneficios para la empresa y efectos favorables para la sociedad y para el empleo. Pero hay más criterios a tener en cuenta.
Primero. En la medida de que el resultado es socialmente beneficioso, pues entre otras consecuencias significará el aumento de consumo e ingresos vía impuestos y cotización a la seguridad social, así como una disminución del costo de las prestaciones por desempleo, el trabajador no debería ver reducido su salario de forma proporcional al tiempo de reducción, es decir del 20%, sino en un porcentaje menor.
Segundo. La decisión es voluntaria para los trabajadores y para el empresario. A nadie debe exigirse una reducción de jornada y de salario. Además no es necesario, pues los trabajadores que se decidan a reducir su tiempo de trabajo y de salario lo asumirán como una ventaja para ellos. El empresario también lo encajará en su organización si lo entiende como beneficioso para su empresa.
Tercero. Los desempleados que se contraten lo serán a jornada reducida: 21 horas, o 56% de jornada, o 3/5 de jornada, es decir, tres días a la semana.
Cuarto. Para llevar a cabo este programa tendrían que apuntarse un número razonable de trabajadores, que oscilará en función del tamaño de la empresa. No se trata de cubrir bajas, o ausencias, para ello hay otras modalidades de contrato. Se trata de incorporar a los nuevos trabajadores en actividades necesarias para la empresa que mejoren su eficiencia o permitan captar nuevos mercados. Por cada tres trabajadores que decidan repartir trabajo se puede crear un nuevo empleo.

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