
Juantxu Bazán, 30 de agosto 2024

Juantxu Bazán, 30 de agosto 2024
Sabía de la gravedad de la enfermedad de Chechu Lastra desde hace unas semanas, pero cuando me enteré de su muerte me asistió una pena que hacía difícil comprender que hay personas que no merecen morir, al menos tan pronto, una pena compensada por la celebración de haber conocido a una persona como Chechu, quien, parafraseando a Antonio Machado, ha sido bueno «en el buen sentido de la palabra», y que, añado yo, nos ha ha enseñado a ser un poco mejores.
Conocí a Chechu, con María Asun Calera, en los tiempos de la transición, y más adelante en ICU y en la Asamblea Popular, junto a Ramón Arias, Joaquín Diaz-Munío, Jaime Gutiérrez, Chus Garitacelaya, Ana Casas, Alfredín Martínez, Eduardo Ruiz, Pedro López «Vicu», Eduardo Basabe, Carmelo Barquín, Tusi, Kiski, Ángel, Tito, Nacho, Tontxu, Fernando, Encarni, Manolín… de cuando organizamos las movilizaciones contra Castro Novo en aquel verano de 1979. La Asamblea Popular fue un ejemplo en el que la voluntad de mucha gente consigue lo que parecía imposible: obligar a convocar la Consulta Popular para tumbar democráticamente el proyecto de Castro Novo. Hoy sabemos que el asunto de Castro Novo no fue resultado de la Consulta Popular sino precisamente de lo contrario: los tejemanejes políticos y especulativos que burlaron la decisión tomada por el pueblo. La confección de pancartas, comidas populares, mítines, marchas, manifestaciones y demás movidas de aquel verano requerían una intendencia en la que Chechu Lastra organizaba las cosas mejor que nadie, y además con un sentido del humor que se traducía en una inyección de energía por la que parecía que todo era posible.
Pero el momento que recuerdo de Chechu con especial alegría es aquella semana de agosto en la que organizamos la Procesión de las Letrillas contra el Puerto Deportivo de Castro Urdiales. Llevábamos varios meses tras la reconstitución de la Plataforma para Salvar la Bahía (apoyada por Otro Castro Es Posible, Ecologistas en Acción y la Asociación El Tejón) dando pacífica batalla contra la construcción del Puerto Deportivo con asambleas informativas, concentraciones, propuestas alternativas, recursos, camisetas, paneles, pegatinas… un compendio de movilizaciones en las que no faltaba la dosis de creatividad necesaria para destacar el problema ecológico y social del Puerto Deportivo allá donde hiciera falta: en la calle, en el Ayuntamiento, en el gobierno de Cantabria, y en los juzgados. El verano de 2010 fue muy concurrido en acontecimientos, siempre en la dirección de que el Gobierno de Cantabria comprendiera que era necesario consultar al pueblo para decidir sobre el proyecto de Puerto Deportivo en medio de la bahía de Castro.




El 29 de agosto de 2010, cuando Castro remaba en la liga ACT de traineras se iba a celebrar la última regata de la liga en Castro, en la que esperabamos una gran afluencia de gente, las cámaras de la ETB, y mucha expectación. Para llamar la atención nos planteamos hacer una gran pintada con la expresión «PUERTO DEPORTIVO NO» en el rompeolas, muy visible, pero algunos vimos que era una marranada bastante convencional y poco efectiva. En vez de pintar letras ideamos que fueran las letras las que se movieran por el paisaje urbano, llevadas en procesión hasta la regata, en la que iba a ser la segunda procesión del mes de agosto en Castro: la Procesión de las Letrillas. No quedaban días apenas para organizar el montaje, y a más de uno le parecía una locura que dificilmente saldría bien. La solución al entuerto solo podía estar en manos de Chechu, de su capacidad de trabajo, de su positivo empuje y colaboración infinita. Nos pusimos a trabajar unas pocas personas con Chechu al mando, y conseguimos terminar el trabajo que hizo posible realizar 17 letras fabricadas en tablex de 1 cm. de grosor y más de dos metros de alto, que pintamos de blanco luminoso para que fueran bien visibles. Y el día 29 por la mañana nos fuimos de procesión:




















Dos años más tarde y después de que el Tribunal Supremo le diera la razón al Ayuntamiento (contra el criterio del consejero Mazón) reconociendo la legalidad de la consulta popular, y en medio de una crisis que puso en cuestión el despilfarro de los puertos deportivos, fue el propio Gobierno de Cantabria, tan contumaz en su insistencia para hacer el puerto deportivo, quien finalmente declinó sus pretensiones y se decidió por hacer un proyecto para reforzar el rompeolas ¡Y mirá que lo habiamos dicho!
La experiencia de la Plataforma quizás no fuera condición suficiente para parar el Puerto Deportivo, pero si fue condición necesaria para cuestionarlo y sembrar de dudas al mercado y al Gobierno de Cantabria para dar carpetazo a este proyecto. Pero sobre todo, fue una experiencia de participación ciudadana en la que muchas personas, unas veces trabajando en la sombra y otras dando la cara, como Chechu, hacen que todo camine de forma más fácil y satisfactoria. Como el día que sacamos la Procesión de las Letrillas.
Juantxu Bazán, 18 de agosto de 2024
Más información en: Plataforma para salvar la Bahía

El gruísta, realizando tareas de prospección, previas al hormigonado del muro sur de la punta del Rompeolas, al alzar el cableado apresó un calamar de enormes proporciones. El jibión, que es como denominan al calamar en Castro Urdiales, pernoctó durante años en las inquietas aguas de la bahía de Castro Urdiales hasta que fue capturado el 5 de mayo de 2024. Los pescadores comentan el suceso y dicen que el jibión, al observar desde el fondo del mar el movimiento del gancho de la grúa al elevarse el cable, echó sus garras y mordió el gancho quedando fatalmente apresado. No hay acuerdo claro sobre si la pesca fue intencionada o accidental.
La pieza fue trasladada al Instituto Oceanógráfico de Santander para realizar el estudio biológico que explique este singular hallazgo. La alcaldesa de Castro Urdiales ha declarado que reclamará el cefalópodo para que sea expuesto en el museo del Faro de Castro Urdiales, en homenaje a las gentes del mar.
Juantxu Bazán, a 25 de julio 2024

Juantxu Bazán, 24 de julio 2024

JB, 24 de julio 2024

Juantxu Bazán, 24 de julio 2024
Lo que aquí se expone no es exactamente arte abstracto, aunque muy bien pudiera parecerlo. Lo defino como arte encontrado y tiene un parangón obvio (naturalmente, salvando distancias) con la pintura y escultura ejecutada con objetos encontrados que artistas como Kurt Schwitters (1887-1948), el movimiento Dadá (a partir de 1916), y muy especialmente Robert Rauschenberg en su extraordinaria colección de Combine-paintings (años 50 y 60). Pero a diferencia de estos artistas, en los que el objeto va al cuadro para incorporarse a la obra como un elemento pictórico que añade significación, rompiendo a veces el marco de confort que le ha dado la tradicional forma rectangular, el arte encontrado del muelle don Luis se escapa del espacio expositivo habitual, la galeria o el museo, para instalarse, seguramente de forma efímera, en el propio lugar en el que es encontrado: entre los muros y estructuras del propio muelle.
El conjunto de esta obra nos habla del paso del tiempo, de la transformación de la materia, y por supuesto, habla de la mirada, y de la imaginación: un juego inagotable de placeres y misterios. He utilizado como soportes la fotografía sobre el hormigón, casi siempre, y raras veces sobre otros materiales presentes en el muelle. La pintura utilizada es, naturalmente, pintura encontrada: restos de grafitis (esmalte), efluorescencias de óxido (una reacción fisico-química favorecida por el material, el paso del tiempo y la intemperie) y de otros seres vivos como líquenes y mohos. En varias imágenes veremos otros seres vivos adaptados al ecosistema intermareal (balanos o bellotas de mar o dientes de perro, algas de verdín, líquenes litorales…) que colonizan los soportes de hormigón del extremo norte del solarium del muelle y buena parte de la plataforma del solarium. Las fotografías se han realizado con una cámara Olimpus E-M1 o con mi propio smartphone Oppo Find X3 Pro. Se ha hecho una selección, descartando muchísimas fotos para evitar quizás una excesiva reiteración. Y como siempre todas las imágenes van tituladas, contribuyendo con ello a jugar con imágenes y palabras, pero que no impide que cualquiera que vea estas imágenes se le antoje ver e imaginar lo que su buen entendimiento quiera.












































Veamos el espacio de trabajo y de inspiración, el espacio de la exposición de Arte encontrado en el muelle don Luis:




Otras exposiciones de arte encontrado:
Juantxu Bazán, 7 de julio 2024
En mi oficio de paseante urbano veo árboles, y observo sus alcorques, y pienso que la ciudad trata sus alcorques con la misma suerte con la que trata sus árboles: los hay desnudos; en otros crecen yerbas; también brotan fulgurantes sierpes, o chupones, como sucede al pie de los tilos; los hay revestidos de aglomerados que extienden el pavimento en las aceras; y también con enrejados metálicos, o enlosados de hormigón.
El paeante urbano observa y fotografía un poema urbano de forja y clorofila:

Semanas después, el paseante urbano observa a un operario de la empresa contratada para el servicio de mantenimiento de jardines, o quizás , de la empresa de limpieza de la ciudad, cargado con una mochila fumigando los alcorques de las palmeras del muelle don Luis, en el puerto de Castro Urdiales. El paseante urbano cometió el error de no intervenir y se paralizó acolechado reconcomiéndose en su incomprensión por el hecho de que se siga exponiendo a las personas al veneno del herbicida (1). No, no es jardinería lo que aquí se observa, se está limpiando la ciudad de las malas yerbas, una reacción histérica de quienes gobiernan la ciudad imponiendo su modo de entender el ecosistema urbano.
Volví buscar mi alcorque días después de su humillante fumigación:

El paseante urbano omite la narrativa de aquel fotopoema y se centra ahora en la información visual de la fotografía para denunciar lo que importa: no hay malas yerbas en la ciudad (plantas ruderales), sino gestores que no entienden que todas las yerbas son buenas.
El paseante urbano se ha informado. El fumigador ha erradicado las yerbas pero también ha perjudicado el árbol, le ha quitado plantas amigas que colaboran con el árbol para ofrecerle nutrientes y humedad; solo una mentalidad inculta y obsesa se ocupa de matar plantas perjudicando la flora urbana y probablemente a las personas, también al operario fumigador.
Antes de seguir con su perorata , el paseante urbano realiza un pequeño recorrido presentando alguna de las mal llamadas «malas yerbas» que se encuentran al paso por muchas zonas de la ciudad que no han sido fumigadas.












El paseante urbano se lamenta de su ignorancia y no puede nombrar a la mayoría de las especies de plantas ruderales que habitan en el casco urbano, entre las que, según dicen los expertos, las hay con propiedades medicinales. Piensa que un bonito ejercicio de pedagogía es enseñar a los niños a identificarlas, siempre y cuando la autoridad competente se comprometa a no extinguirlas. Y así podríamos saludar diariamente a las jaboneras, policarpos, mastuerzos, llantenes, tréboles, lecherillos, malvas bastardas, parietarias, cebadillas ratoneras, avenas locas, acederas, hinojos de mar, escobillas, guascas, lentejillas, ranas negras, dientes de león, margaritas silvestres. Observaríamos como a algunas les gusta el sol, a otras trepar o rastrear, y también las que prefieren habitar en lugares sombríos.
El mismo paseante aplaude que haya ciudades en España y en Europa que se hayan decidido por erradicar el glifosato en el mantenimiento de los jardines, y que potencien el cultivo de yerbas en los alcorques a la vista de los beneficios ecológicos y estéticos que aportan al medio urbano. Comparte el criterio de que el buen uso de los espacios urbanos significa preservar islas de biodiversidad y favorecer con ello la salud de las personas y contruibuir a la lucha contra la emergencia climática: aportan néctar y polen para insectos polinizadores, y alimento para pajarillos; aumentan la fertilidad del suelo y reducen la erosión; disminuyen la contaminación por su capacidad para fijar partículas contaminantes; reducen el dióxido de carbono y aportan oxígeno (fosíntesis); ayudan a regular la temperatura manteniendo la humedad y limitando la filtración de agua de lluvia… y si el jardinero municipal se decidiera por incorporarlas a parterres en algunos parques, y en los alcorques, el mantenimiento sería bastante más sencillo que el que exijen las plantas convencionales. El paseante piensa que es muy importante que consideremos a estas plantas como un componente fundamental del ecosistema urbano que interactúa con árboles, insectos, bacterias, aves, y personas, para mejorar la vida urbana.
El paseante andante piensa que hay que erradicar prejuicios: el primero es pensar que hay yerbas malas, cuando en realidad son aliadas de una ciudad que quiere ser saludable. El segundo prejuicio que hay que enterrar es que una ciudad que no mata las malas yerbas es una ciudad descuidada y abandonada. Los prejuicios se combaten: primero con infomación, concienciando a la ciudadanía de que las yerbas de la ciudad son útiles y beneficiosas, y segundo, planificando el cuidado de las yerbas silvestres urbanas porque además de ser útiles son bellas: ética y estética van de la mano.

El paseante urbano, pedirá información a su Ayuntamiento sobre los herbicidas que se están autorizando, y la valoración hecha sobre los perjuicios y beneficios de la erradicación de las plantas ruderales, y solicitará dos cosas: que se dejen de aplicar herbicidas, y que se incorpore en el diseño y mantenimiento de las jardines las plantas silvestres urbanas, especialmente en alcorques, parterres y lugares que no perjudiquen la accesibilidad o pongan en riesgo el patrimonio cultural.
Juantxu Bazán, a 22 de junio 2024
(1) Desconozco el tipo de herbicida que se está aplicando en Castro, pero no parece que sea un herbicida ecológico habida cuenta de los efectos tan devastadores sobre los alcorques. Quiero creer que, en cualquier caso, es un herbicida de bajo riesgo, pero el hecho de que sea de menor riesgo que el temido Glifosato, no justifica el uso de herbicidas para matar las mal llamadas malas yerbas en medio urbano. Sin embargo, el hecho de que el Glifosato aún esté autorizado en España y en Europa, me hace temer lo peor.

Juantxu Bazán, 18 de junio 2024
