
Juantxu Bazán, 20 febrero 2024

Cuento el proceso de elaboración para quien quiera apreciar su interés pictórico e iconográfico.
Hace más de un año, en mi cuaderno de bocetos tenía una idea anotada que reproduzco (manchas incluidas):

Pruebas de quemado sobre pintura al óleo:

Una vez hechas las pruebas pertinentes, y manteniendo siempre esa tensa incertidumbre de cómo se comportarán las cerillas encendidas en el lienzo, sigo. He utilizado para hacer esta pintura los siguientes utensilios: toallitas de algodón, pinceles, espátula, brocha de hojas de pino, cerillas y mechero (para aplicar fuego, cerillas apagadas para incorporar a la pintura, cerillas apagadas para aplicar pigmento de carbón, y una pinza para las cejas para colocar las cerillas sobre la pintura). El soporte es un lienzo encolado sobre tablero 100% algodón de 280 g. y de grano fino. Tamaño: 27,1 x 35 cm. La pintura al óleo se ha conformado en la paleta con Amarillo medio extrafino Titán, rojo cadmio Van Gogh, ocre amarillo extrafino Titan, verde vejiga Rembrandt, y blanco de titanio extrafino Titán, paleta en la que he añadido aceite de linaza y liquin.


Una vez terminado de aplicar con paletín el óleo a todo el cuadro se van colocando las cerillas, con cuidado de que dejen espacio suficiente a las cerillas grandes que van en primer plano (un verde engrisecido con tonos negros), y luego, las más alejadas en la montaña derecha del segundo plano (en el que denomina el siena tierra sombra tostada para favorecer una mayor contraste con el color claro de las cerillas).

Una vez colocadas las cerillas se van prendiendo fuego una a una, dejando que el fuego actúe. El primer fogonazo deja una mancha sobre el lienzo que nos confirma que el propio fuego es material coadyuvante en el resultado de la obra y en su carga icónica.

Finalizado el cuadro, pongo unos detalles:


Juantxu Bazán, 18 de febrero 2024


Juantxu Bazán, 12 de febrero 2024
En mis exploraciones por el espeso mundo del arte conceptual, me interesan especialmente las de aquellos autores que estuvieron en el límite de este arte cuando aún ni siquiera éste estaba teorizado. Uno de estos autores es el artista estaunidense Robert Rauchenberg quien desde joven sintió la admiración por el arte encontrado de Schwittwers y por el movimiento Dada.

En su extraordinaria colección de Combine-paintings, Rauchenberg incorpora en sus cuadros, además del collage con objetos desechados cuidadosamente clasificados en su estudio, empastes de pintura, goteos, y pinceladas que provienen de su propia tradición informalista. En Rauschenberg se aprecia su admiración por los maestros y una innovación desbordante.
“…se siente acuciado por la contradicción de su existencia de artista en una sociedad para que el arte ya no puede tener ningún significado. Es una sociedad que solo conoce el presente y que no siente ninguna piedad por lo que ya no sirve, por lo que ya ha pasado. Excluido de este presente, que por lo demás no le interesa, el artista no puede sino manipular el pasado y volver a utilizar sus desechos, porque al salvarlos se salva el mismo de la condición de ´desecho´ a la que la sociedad le ha empujado.” (Argan, Julio Carlo (1975). El arte moderno 1770-1970. Fernando Torres editor, Valencia).
Una de las obras que más me interesan de Rauschenberg, es su primera incursión por el Arte Conceptual en la que se aprecia también la influencia recibida de Dadá y Duchamp, una inteligente reinterpretación del expresionismo abstracto de su admirado De Kooning, quien, según cuentan las reseñas, le presta un dibujo a Rauschenberg para borrarlo deliberadamente. Por aquel entonces De Kooning era una figura reconocidísima por la crítica y el mercado, y el joven Rauschenberg se movía justamente entre el expresionismo y el arte pop, junto a Jasper Jons, pero con una visión muy personal y su reconocible estilo.

Nos encontramos ante un dibujo que es la antítesis, el no-dibujo, o mejor, el borrado como acto de dibujar, con un resultado que es producto de la planificación y de la improvisada dificultad de borrarlo. El título no puede ser más explícito: es un dibujo borrado, que no puede eludir el sustrato de su pasado, de su procedencia del maestro De Kooning. Jasper Jons se encargó de enmarcar y titular el dibujo para que la ficción del dibujo de De Kooning diera la alternativa a la ficción del dibujo de Rauschenberg. El observador inevitablemente tratará de adivinar, y quizás se percate de la enorme paradoja que se produce en esta obra, y es que tratando de borrar se construye una obra imperecedera que ocupa un lugar en el museo. No hay borrado del pasado (que podría estar representado por el expresionismo abstracto de De Kooning), sino recuerdo for ever. Cabría preguntarse si esta obra hubiera alcanzado la notoriedad y el éxito que le otorgaron los agentes del arte si no se tratara de un borrado de un dibujo de De Kooning. Ya sabemos la respuesta.
Es preciso entonces una respuesta a la respuesta, y, si se me permite la ironía, podría ser el dibujo borrado de Juantxu Bazán, o los cien dibujos borrados de autores anónimos. Nada como una mini action painting para tachar al intachable Rauschenberg y regodearse en en 15 minutos de rebeldía pictórica. Para ello he ido al elemento esencial que verifica el borrado, el titulillo de cuadro, que debe borrarse con un expresivo tachado, dejando ver lo que sucede debajo:

Juantxu Bazán, 11 de febrero 2024

Reúno una colección de fotografías tomadas durante mis visitas a los museos en los que recojo, como si se tratara de un elemento pictórico más, las tapas de los registros en los que se hayan instalaciones, y en especial las que tienen que visibilizar los símbolos de extinción de incendios; estas tapas se encuentran muchas veces (por razones de seguridad) en el propio espacio expositivo. Los comisarios no saben que hacer con estos elementos que, por lo general, se disimulan en un intento de imposible mimetización con las paredes del museo.
La que se presenta hoy es el resultado de varias fotografías hechas durante la visita a la exposición de Oskar Kokoschka en el Museo Guggenheim de Bilbao, en el verano de 2023. La colección puede ampliarse a otros museos… todo un género en el ámbito de la poesía visual del absurdo.


Juantxu Bazán, a 7 de febrero 2024.

Esta es una obra de pintura que no he necesitado pintar. Tampoco he necesitado exponerla, y sin embargo ha estado expuesta durante mes y medio en la ciudad de Castro Urdiales.
Tiene algo en ella que está relacionado con pintar con objetos encontrados (movimiento Dada, Schwitters, Duchamp, Rauschenberg, y tantos otros). Pero mi objeto no es un elemento para aportar a la pintura sino que es la pintura en si misma, o si se prefiere, ese objeto encontrado es una pintura encontrada. De ello ya hablé en este mismo blog en Cuadrado negro sobre fondo rojo .

En la mancha percibo un cuadrado negro, y no puedo evitar la evocación del famoso cuadrado negro de Malevich.
No es la primera vez que hago este tipo de elucubraciones. La pintura encontrada es una de mis obsesiones, y cuando me parece que tiene un interés pictórico o iconográfico, capto la imagen con mi teléfono o con mi máquina, y si procede cuento una historia en la que quiero mostrar que la mirada al entorno urbano puede toparse con narrativas artísticas. Estos son algunos precedentes en los que la ironía es el leitmotiv de lo que veo y cuento:
Castro Urdiales acoge una de las mejores exposiciones mundiales de expresionismo abstracto
Ibarrola muestra su arte en el puerto de Castro Urdiales
En alguna ocasión el objeto encontrado está incrustado en el propio paisaje, y es tan efímero como la bajada o subida de una marea en el mar Cantábrico. En este caso no me encuentro con pintura, pero es la propia naturaleza, la acción del agua, la que esculpe un bajo relieve en la arena. Así sucedió cuando me encontré con un poema visual en la playa, pintando en la arena con fruta para hacer un huerto en la playa.
Un pintor anónimo, en una intervención que tiene tintes muy propios de la forma de hacer de Bansky (clandestinidad, y aprovechamiento del objeto encontrado para incorporarlo a la iconografía de la obra), actúa sobre la señal de tráfico en una carretera de monte:

Estos precedentes pueden ayudar a entender mi intervención sobre el cuadrado negro en la que mi única aportación pictórica (en el sentido de utilizar pintura y brocha) ha sido pintar de blanco un marco de madera de pino. El soporte estaba ahí, en la calle siglo XX de Castro Urdiales, y sobre la pared de ladrillo ya se había pintado una mancha negra que yo decido sea un cuadrado negro.
Conociendo la obra de Bansky aprendemos como aprovecha un elemento visual en la pared (una mancha de pintura, una cañería, un cartel, un diseño arquitectónico…) para darle otro significado y nos sorprendemos del modo tan admirable en el que casi siempre lo resuelve. Hay arte conceptual en esta intervención puesto que se reflexiona ironicamente sobre lo que es o no es una obra de arte haciendo que el cuadrado negro regrese al cuadro, se cobije en el marco cuadrado de color blanco que he dispuesto para él. Es decir, no cabe duda de que en los museos se encierra el arte que los curadores han dispuesto para ser admirado por el público; pero si mirarmos la ciudad o la naturaleza podríamos recabar en sorprendentes imágenes capaces de aportarnos narrativas que nos ayuden a ver las cosas de otra manera: los museos están llenos de objetos que cuentan historias por las que merecen ser mirados; la calle también.
Malevich estuvo siempre presente en todo el proceso; pero hay un artista invitado, Magritte, de quien tomo la frase «este no es el cuadro de Malevich, emulando su pensamiento inmortalizado en pintura: Ceci n´est pas une pipe ). Se inspira en Dadá incorporando texto e imagen, y en Rauschenberg (Combine-paintings) y en Schwitters (Merzcollages), maestros del objeto encontrado para componer una obra de arte. Y luego puede suceder, para quien así lo quiera ver, que esta tramolla no es más que una estúpida ocurrencia.
La presentación de esta obra en una calle céntrica, muy frecuentada, plantea algunos dilemas. ¿Cuál puede ser la reacción del observador? Curiosidad, perplejidad, hilaridad, simpatía, indiferencia… Para equilibrar la previsible indiferencia me decido a ser lo más explícito posible, y añado a la frase Este no es un cuadro de Malevich (aunque hubiera sido preciso decir Este no es el cuadrado negro de Malevich), una carátula explicativa en la que se da cuenta del cuadrado negro de Malevich tal como lo cuenta la fuente del saber accesible, wikipedia.


El montaje de la obra también forma parte de su propio contenido, y se presenta como una puesta en escena, en la que el propio autor instala la obra a plena luz del día, previo permiso de la propiedad de la fachada.
En el momento de la instalación (también aquí hay una puesta en escena) averiguo por fin cuál es el origen de la mancha negra por fin refugiada en un marco. Una vecina de la calle que se había acercado a ver la instalación lo narra así: “un día, hace unos diez años, apareció una cruz gamada pintada a espray en la pared. A mi marido no le gustó nada y consiguió un spray de pintura negra y lo tapó, esa es la mancha que tienes delante”. Me quedé satisfecho con la mayor dosis de realidad de la tarde. Fue aquel vecino y no Malevich el autor de este cuadrado negro.
Observo como los niños miran con curiosidad el cuadro del cuadrado negro; los adultos tienen un semblante más serio y algunos esbozan media sonrisa, quizás captando la ironía con la que ha trabajado el autor, otros dicen “a ver si lo respetan”, y presiento que muchos dirán aquello de “¡qué chorrada!”.
Al día siguiente, la densidad de niños, madres y abuelas en la calle es muy alta, y con ella la expectación del cuadro negro fue notable. En los días siguientes trataré de pulsar las opiniones que provoca esta intervención. Una cosa si se ha producido: es mi primera exposición artística en la calle.


Este capítulo se cierra mostrando el carácter efímero de esta obra, pues era previsible que no iba a durar siempre. El 10 de diciembre de 2023 me avisan de que el cuadro has sido objeto de rapiña. Alguien ha entendido que ese marco no pintaba nada ahí, y ha decidido quitarlo de la pared y apropiárselo para darle otra utilidad. La vida es asi. Esta es la imagen del cuadrado negro en el momento de escribir estas líneas:

Juantxu Bazán, 27 de enero 2024