
https://coleccion.caixaforum.com/obra/-/obra/ACF0482-10/LaspotenciasdelalmaPuenteGenil
Ficha técnica[1]:
- Título de la obra y año de realización: Las potencias del alma. Puente Genil, 1976
- Soporte: Blanco y negro, en formato analógico, revelada en papel baritado con técnica de gelatina de plata
- Formato Imagen: 47,5×32 cms. (vertical); Formato Soporte: 50,5×40,5 cms.
- Luz: natural
- Enfoque: plano general / plano medio. Ángulo: frontal
- Estructura formal de la escena: retrato
- Serie: España Oculta, 1989. La foto Las potencias del alma ha sido tomada en 1976.
- Propiedad: © Cristina García Rodero / Magnum Photos
- Contexto histórico, social y político
Cristina Garcia Rodero nace en Puertollano en 1949. Cuando realiza Las potencias del alma tiene 27 años, y está en su primer momento como profesional y creativa.
Cuando la fotógrafa realiza esta foto, España se halla en periodo de transición tras la muerte de Franco un año antes. Es un momento en que la diferencia de usos y costumbres en los entornos rural y urbano es patente. El turismo de masas omnipresente en la costa mediterránea aún no ha llegado a la España rural, y las procesiones de Semana Santa, hoy un recurso turístico auspiciado desde las administraciones públicas, entonces son vistas como celebraciones que se viven desde lo local, con fervor religioso, sobre todo en ciudades como Puente Genil, cuyas procesiones no se ofertaban entonces entre las más valoradas desde el punto de vista cultural, social, o festivo, ni tampoco eran un reclamo turístico de primer orden para la ciudad. En 1980, cuatro años después de la foto, la Semana Santa de Puente Genil es declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.
Aún quedan unos años para que el Nacional Catolicismo, y la España de Franco quede definitivamente enterrados, tras la aprobación de la Constitución, y las primeras elecciones democráticas locales en 1979. Y unos pocos más para que las políticas de adhesión a la Unión Europea se concreten en programas de desarrollo rural al auspicio de las políticas agrarias. En cualquier caso, estamos en un momento de cambio, en el que la autora asiste a una España que va pereciendo y en la que los ritos y costumbres populares ofrecen una imagen visual a punto de desaparecer en un mundo globalizado, política y socialmente demasiado correctos.
Garcia Rodero retrata una realidad que podría ser la de hace un siglo, pero no. No hay aquí ni autoridad eclesiástica, ni guardia civil, todo lo que nos relata esta foto tiene que ver con un jolgorio procesional más próximo al esperpento que a la fe religiosa, o si se prefiere a un singular auto sacramental, con un romano y dos nazarenos, en los que Dionisos se ha colado de rondón.
- La autora y su obra.
Cuando Cristina García Rodero hizo esta foto aún se desplazaba por la geografía española en autobús. Fruto de estos desplazamientos y tras 15 años de trabajo publica “La España oculta”, en 1989, un libro celebrado y premiado que la catapulta hacia el reconocimiento internacional. En 1996 le es concedido el Premio Nacional de Fotografía. Ha realizado reportajes fotográficos en Haiti, Venezuela, Méjico, Estados Unidos, Portugal, Grecia, Italia, Rumanía, Bosnia-Herzegovina (Sarajevo), Kosovo, India, Georgia, Estados Unidos,… En 2005 obtiene la Medalla al mérito en Bellas Artes. En 2009 es admitida como miembro de la Agencia Magnum. En 2010 publica Transtempo, resumen de tres décadas de viajes por Galicia en las que se reconoce su línea habitual de fotorreportaje de las costumbres religiosas y rurales. En 2013 es admitida en la Real Academia de Bellas Artes. En 2020 expone en la Galería Aizpuru, su colección de fotografías en India Holi, la celebración del amor. A sus 74 años Cristina García Rodero sigue activa y ocupada en su proyecto “Entre el cielo y la tierra”.

Toda la obra de García Rodero es bastante fiel a la técnica narrativa del fotorreportaje documental, con algunas variantes. Domina el Blanco y Negro, pero más recientemente se expresa en color, como en “Tierra de Sueños”[1]. Originariamente su encuadre es de plano general en la mayoría de sus fotos, para pasar a la incorporación de primeros planos, tal como hace en La diosa de los ojos del agua. Y también se produce una evolución del soporte analógico al digital.
Araceli González Romero, citando a Webb[2], explica la evolución estilística en la obra de García Rodero:
Los cambios estilísticos hacia los que derivó la fotografía documental durante la década de 1975 a 1985 también se reconocen en la obra de García Rodero. En ella, se puede apreciar la progresiva intención de la autora de integrarse en la obra a través de su mimetización en el ambiente donde lleva a cabo su labor, algo que queda marcado en la composición de sus fotografías. A través de las nociones de ángulo, espacio y encuadre, mostrará su grado de cercanía frente al tema (Webb, 2012).
3. Análisis formal.
El blanco y negro incorpora en la foto un trasfondo en el que se combina el carácter realista con la teatralidad y el simbolismo que se contiene en la imagen. Con el blanco y negro la imagen gana en dramatismo, en intensidad, en poesía.
En la iluminación, cenital, no muy intensa, domina la clave baja, con tonos muy oscuros en los hábitos de los nazarenos y la oscuridad de la entrada a la iglesia, que gracias al gris de la puerta transita hacia el tono más claro de la pared de la izquierda; sobre los tonos oscuros contrastan los elementos simbólicos que permiten construir la narración de la imagen: el vaso y la botella; los cordones, el capirote y la botonadura de los hábitos; el globo terráqueo o bola del mundo; la blanca paloma… Destaca también la luz que ilumina los rostros de los dos nazarenos.
La representación constituye un retrato con tres personajes en el exterior de lo que podría ser una iglesia o un edificio público sin ornamentación (un detalle que permite un mayor protagonismo de los elementos simbólicos); los dos nazarenos posan mostrando sus pertenencias, uno de ellos mirando a la cámara, jocoso, porta vaso y botella, el otro parece más ocupado en el advenimiento de la blanca paloma; el tercer personaje, un oficial de la centuria romana, descansa tranquilamente fumando un cigarrillo, sujetado a la lanza con las piernas cruzadas; su posición trasera se enfatiza por la perspectiva a la que ayudan las baldosas del suelo.
El hecho de que la acción se sitúe en el espacio exterior ayuda a la teatralidad, y no es casualidad sino un hallazgo muy útil en la construcción de la imagen que la fotógrafa se haya alejado un poco de la escena para dejar a los protagonistas justo en el centro de la imagen, en escena. El resultado es de un preciso equilibrio entre una foto directa de lo que está pasando y la interpretación narrativa que se somete a juicio del espectador que observa a unos personajes que han dejado su papel, salpicados por una realidad en la que cobra protagonismo unos elementos extraños a la procesión: la botella, el vaso, un misterioso globo terráqueo, y la paloma.
La composición es simétrica, con el peso de los valores oscuros ligeramente desplazados a la derecha, pero compensados por el contraste sobre fondo blanco del personaje soldado. Hay una línea casi horizontal muy expresiva definida por las seis manos de los personajes con los objetos que divide una red de líneas verticales (la puerta, la lanza, los cordones) y horizontales (los cordones, otra vez). Una disposición entre los objetos que influyen en la narración se distribuyen en un triángulo en cuyo vértice superior están la paloma y el capirote, y en la base los cordones blancos que encierran a todos los objetos… Estamos ante un trabajo con una composición muy simple en la que apreciamos la cercanía de la fotógrafa, y la mirada a cámara del personaje de la derecha. Ciertamente los elementos principales se sitúan en la línea del tercio superior, pero no es la composición la que dirige al espectador, sino los personajes ataviados, y los objetos que en ellos sobresalen por su fuerza simbólica.
Es una imagen estática, en la que ni siquiera se aprecia el movimiento de la paloma; instantánea, sin ruido, seguramente disparada con alta velocidad de obturación, y poca apertura de diafragma; no hay elementos desenfocados, ni se ha usado zoom, ni un gran angular.
- Análisis interpretativo. Certificación de la existencia de una realidad oculta
En España Oculta, Garcia Rodero retrata una realidad insólita convirtiéndose, junto a Ramón Masats y Koldo Chamorro, entre otrxs, en la cronista en blanco y negro de la España de los años setenta y ochenta. [3]
La ironía de la autora es fácilmente percibida por lxs espectadorxs gracias a la gestualidad de los actores y a un atrezzo que contradice la gravedad de la procesión de Semana Santa. Garcia Rodero retrata fielmente lo inusual, la trastienda de una celebración religiosa que se torna en un disparate etílico. Pero a pesar de la idea del esperpento ya subrayada no hay denuncia de las costumbres sociales ni de la fe religiosa, y menos aún crítica política. El propio título de su serie delata las intenciones de la fotógrafa, mostrar la España oculta. Cristina García Rodero es una cronista en imágenes de su tiempo:
Estaba tratando de descubrir y aprender más sobre mi país de origen. A través de esta investigación me enteré de algunas de las fiestas más populares. Y con eso descubrí un mundo que era para mí tan rico, tan extraño, tan misterioso, tan feliz, tan absurdo, tan ridículo, tan grande, tan creativo, tan violento. Eran tantas cosas existentes al mismo tiempo en nuestras tradiciones, me sorprendió que nadie se hubiera dedicado ya a retratarlas.[4]
Hay mucho de curiosidad antropológica en las imágenes de España Oculta[5], y las personas son las autenticas protagonistas de sus fotografías, personas mostrando su alegría, su devoción, sus paradojas… en las que las expresiones de los rostros tienen un protagonismo especial. Desde el análisis semiótico la imagen analizada es directa, sin manipulación, pero con mucha intención. Ello no obsta a reseñar el papel del fotógrafo frente a las personas que como en Las potencias del alma posan, o no, frente al objetivo de García Rodero que, siguiendo los planteamientos de Susan Sontag, estaría dotada de un poder depredador, acaso apropiándose de “las potencias del alma” de las personas fotografiadas en esa escena, algo que, en última instancia dependerá de la conciencia política del espectador[6].
García Rodero es consciente de retratar una realidad de una España que está a punto de desaparecer y que en los años ochenta continúa su paulatino despoblamiento. La fotógrafa quiere descubrir y dar fe de la existencia de los ritos y costumbres, certificar la existencia de una determinada realidad, o tal como diría Barthes: la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente[7].
Siguiendo a Barthes podríamos desmenuzar cuales son los elementos que el espectador puede percibir de Las potencias del alma. El studium de esta foto, es decir, aquello que llama nuestra atención y que de acuerdo con nuestra experiencia vivida nos hace empatizar con unos personajes que reconocemos como protagonistas de unos usos y costumbres, con un vestuario y elementos que son representativos de la celebración religiosa en su aspecto formal, y festiva en lo informal. Es una percepción cultural de acuerdo con nuestra experiencia. El segundo elemento que viene a romper con lo anterior es el punctum, que en nuestro caso, es la paradoja escandalosa, punzante, que rompe con la solemnidad que se muestra con esos hábitos oscuros y que en la foto se revela con los gestos y los objetos que desvirtúan el fervor religioso de la Semana Santa.
- Análisis crítico. Ironía próxima al esperpento
Más allá de la ternura que nos transmiten estos personajes, que también son personas que viven y trabajan en su pueblo, asistimos a la representación de un documento gráfico con una narración que recuerda, salvando las distancias, a la pintura de la España de Gutiérrez Solana, a la tradición literaria de la Picaresca, y a los inolvidables personajes que Berlanga y Azcona han retratado en el cine de postguerra. Pero si hay un elemento teatral quiero reseñar algunas similitudes con el esperpento de Valle Inclán, ese tránsito de la trágica solemnidad procesional al sainete, en el que el vino y el mundo se muestran como trofeos justo en el momento en el que se aparece el Espíritu Santo en forma de paloma.
La foto tiene un título, Las potencias del alma,[8] que, con toda la ironía que conlleva la escena, han quedado partidas en dos. Todos los recursos que emplea García Rodero para transmitirnos su mensaje, a medio camino entre la ternura y la ironía, se consiguen desde la simplicidad, no sobra nada, no falta nada, los elementos técnicos sirven perfectamente al mensaje que se nos transmite.
Probablemente no sea una de las mejores fotos de la serie España Oculta; las hay mucho más bellas, con composiciones más atractivas, con un punctum que nos golpea el cerebro y encoge nuestro estómago. Pero difícilmente esta foto podríamos imaginarla de otra manera. Además a García Rodero se le aparece el espíritu santo, con esa paloma sobrevenida, concediéndole a la fotógrafa un favor que hace que la foto sea excepcional, un favor sin duda merecido, resultado de tantos y tantos días de autobús, y horas y horas retratando una realidad que gracias a ella dejó de ser oculta.
[1] El contenido de esta exposición puede verse en https://caixaforum.org/es/sevilla/p/tierra-de-suenos-cristina-garcia-rodero_a580357
[2] WEBB, J. (2011). Diseño fotográfico. Editorial GG. Barcelona. De la cita en González Romero, Araceli (2022). Análisis de la fotografía documental de Cristina García Rodero Estudio de la colección ‘Historia de una pasión’. Universidad de Sevilla, facultad de Comunicación. Grado de Periodismo. Puede descargarse en https://idus.us.es/handle/11441/138527
[3] Además de España Oculta, Ramon Masats publica en 1983 España Diversa (Ed. Lundwert) si bien su carrera empieza a ser relevante desde los años sesenta. Koldo Chamorro es coetáneo de García Rodero y publica su serie España Mágica en 1985. Además es menester destacar a otrxs renovadorxs de la fotografía documental en los años setenta como Cristóbal Hara, Fernando Herráez, Anna Turbau y Ramón Zabalza. Referencia: https://www.20minutos.es/noticia/2321685/0/documentalismo/fotografia/espana-70/
[4] Irene Baque (2019). España Oculta: la España oculta. Magnum Photos. https://www.magnumphotos.com/arts-culture/society-arts-culture/cristina-garcia-rodero-espana-oculta/
[5] De hecho el prólogo de España Oculta lo escribe el antropólogo Julio Caro Baroja.
[6] Sontag, Susan (2008). Sobre la fotografía (eds. de 1973, 1974, 1977). Barcelona: Debolsillo. Citada en Plasencia, Inés. Enfoques teóricos en la fotografía, pág. 12. Recurso de aprendizaje textual. Universidad Oberta de Catalunya. Siguiendo con la tesis de Sontag la visión depredadora resultaría aplicable si Cristina García Rodero hubiera caído en el prejuicio de representar a los personajes de nuestra foto desde una superioridad moral que denigraría a las personas que aparecen en Las potencias del alma. No tengo la certeza como para pensar que esta foto responda a ese planteamiento.
[7] Barthes, Roland(1980). La cámara lúcida. Barcelona: Paidós. Citada en Plasencia, Inés. Enfoques teóricos en la fotografía, pág. 12. Recurso de aprendizaje textual. Universidad Oberta de Catalunya
[8] Quizás, Cristina García Rodero, por edad, haya recibido en su educación algunas nociones de escolástica. En cualquier caso diremos que es a san Agustín a quien debemos este concepto, definiendo como potencias del alma: la memoria, el entendimiento, y la voluntad.
Juantxu Bazán (escrito en marzo 2023)