Cuando vi la foto de la que voy a escribir menos de mil palabras sentí un golpe en la mirada que me dejó medio grogui varios minutos frente a la imagen. Se trata de un fotografía que acompañaba (sigue acompañando en las versiones digitales y de papel) a un reportaje en El País del domingo 25 de mayo, en las páginas 4 y 5, titulado «Ayúdame a salir de Gaza»: cuando la desesperación gana al patriotismo, firmado por Beatriz Lecumberri. La foto ocupa cinco columnas y representa una imagen visual totalmente ajena al contenido del artículo, salvo el hecho de que transcurría durante el genocidio en Gaza.

Reproducción de foto de El País de 25 de mayo 2025, págs 4 y 5. El pie de foto dice: Una niña muerta en el ataque de Israel, ayer en el Hospital Nasser de Gaza. Abed Rahim Khatib (GETTY).

En la foto se identifica a una persona que descubre el rostro del cadáver de la niña (un pendiente en su oreja derecha nos manda el mensaje), tres manos sujetando la tela blanca de la mortaja, los pies de los hombres alrededor, y la mano de uno de ellos sujetando un móvil con un primer plano del rostro enfocado. El autor, el fotógrafo Abel Rahim, tiene más de 38.000 fotos entregadas a la plataforma GettyImages, y de este fatídico día se han registrado una decena que recogen el traslado del cadáver a la estancia en la que los familiares se despiden de la niña. En el encuadre y la composición elegida, el fotógrafo ha dejado el dolor que nos produce la constatación de una niña muerta en un segundo plano, y sin embargo, a mí la imagen me resulta desoladora. Me parece más terrible esta foto cuando veo la repetición de la cara de la niña en la pantalla del móvil.

Siguiendo los planteamientos de Roland Barthes (1), el punctum que yo percibo como observador (cada uno tiene su propia mirada e interpreta la imagen con sus propios códigos) está muy alejado de lo que dice el pie de foto: «Una niña muerta en el ataque de Israel, ayer en el Hospital Nasser de Gaza«. El texto puede ayudar a interpretar la fotografía, según criterios marcados por la redacción de El Pais. Cierto es que una imagen puede valer mas que mil palabras, pero mucho más vale una imagen y un texto que ayude a entender lo que la foto no puede decir. Pero aquí, ni el pie de foto ni el artículo me ayudan a explicar lo que yo he sentido con esta foto absurdamente insertada en un artículo que va de otra cosa. Las teorías fotográficas me parecen insuficientes, y el lenguaje para explicarlo puede ser demasiado torpe. Hasta donde puedo entender, observo a una persona con autoridad para descubir el rostro de la niña que colabora para que se hagan fotos antes de dar entierro la niña según el rito musulmán. Nada sé de la intencionalidad, pero puedo comprender, pues esa es la función de la fotografía, que se pretende constatar y registrar la imagen de la niña muerta: esto ha pasado, la imagen lo corrobora y será memoria de lo sucedido, y además estuvimos allí para inmortalizarlo y divulgarlo. Hay escenificación, y aunque no hay pose por parte de la niña, si la hay por parte del resto de participantes que, con sus manos y pies presentes deciden la imagen de la niña que se va a fotografiar, y es muy visible la mano sujetando la cámara con la pantalla enfocando a la niña. La foto de Abed Rahim no es la foto de una niña muerta en Gaza víctima de un genocidio atroz, sino del acto de fotografiar a una niña muerta en Gaza. Y es ahí donde el punctum barthiano de la conmiseración que me produce el rostro de una niña asesinada en Gaza, se trastoca en otros significados aún por desvelar, y emociones que caminan en diferentes sentidos, y de la necesidad de indagar y saber más porque la verdad me es desconocida y la incertidumbre me inquieta.

Explorando el repertorio de imágenes de las plataformas de pago descubro fotos similares, fotos en los que el acto de fotografiar suplanta a la tragedia. Tras el shock de mi primera experiencia quedo adiestrado para la siguiente y me acuerdo del ensayo de Susan Sontag «Ante el dolor de los demás», en el que denuncia los efectos anestésicos de tanta profusión de imágenes de guerra cómodamente vistas desde de nuestras casas. Ella no pudo saber que las grandes empresas tecnológicas que controlan nuestro ocio (FaceBook, Instagram, Google…) no permiten la publicación de fotos de niños o niñas muertas en Gaza. Lo cierto es que si cualquier interesado quiere indagar la procedencia de esta foto a través del buscador de imágenes de Google e inserta esta fotografía para conocer su procedencia, lo más probable es que nos lleve a la plataforma GettyImages en las que se ofertan miles de fotos a la venta de niños muertos en Gaza.

Es difícil enfrentarse a la mercantilización del dolor que se muestran en las imágenes de la guerra, y la mejor manera de impugnarla es mostar la compasión de quienes lo sufren como una cuestión que nos concierne, y su traducción en una posición activa y rebelde, precedido por un análisis crítico de las imágenes que nos golpean la mirada.

Juantxu Bazán, 21 de agosto 2025

(1) Roland Barthes. La cámara lúcida. Notas sobre la fotografía. Barcelona, Paidós (2009)

Sobre las imágenes del genocicio en Gaza puedes leer en mi blog:

Performance art in Gaza´s war

GAZA´S WAR AND SPONSORING COMPANIES

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