
Cuento el proceso de elaboración para quien quiera apreciar su interés pictórico e iconográfico.
Hace más de un año, en mi cuaderno de bocetos tenía una idea anotada que reproduzco (manchas incluidas):

Pruebas de quemado sobre pintura al óleo:

Una vez hechas las pruebas pertinentes, y manteniendo siempre esa tensa incertidumbre de cómo se comportarán las cerillas encendidas en el lienzo, sigo. He utilizado para hacer esta pintura los siguientes utensilios: toallitas de algodón, pinceles, espátula, brocha de hojas de pino, cerillas y mechero (para aplicar fuego, cerillas apagadas para incorporar a la pintura, cerillas apagadas para aplicar pigmento de carbón, y una pinza para las cejas para colocar las cerillas sobre la pintura). El soporte es un lienzo encolado sobre tablero 100% algodón de 280 g. y de grano fino. Tamaño: 27,1 x 35 cm. La pintura al óleo se ha conformado en la paleta con Amarillo medio extrafino Titán, rojo cadmio Van Gogh, ocre amarillo extrafino Titan, verde vejiga Rembrandt, y blanco de titanio extrafino Titán, paleta en la que he añadido aceite de linaza y liquin.


Una vez terminado de aplicar con paletín el óleo a todo el cuadro se van colocando las cerillas, con cuidado de que dejen espacio suficiente a las cerillas grandes que van en primer plano (un verde engrisecido con tonos negros), y luego, las más alejadas en la montaña derecha del segundo plano (en el que denomina el siena tierra sombra tostada para favorecer una mayor contraste con el color claro de las cerillas).

Una vez colocadas las cerillas se van prendiendo fuego una a una, dejando que el fuego actúe. El primer fogonazo deja una mancha sobre el lienzo que nos confirma que el propio fuego es material coadyuvante en el resultado de la obra y en su carga icónica.

Finalizado el cuadro, pongo unos detalles:


Juantxu Bazán, 18 de febrero 2024