Lo que voy a presentar es una puesta en escena con un estilo narrativo que se corresponde con el monólogo, o para ser más preciso se trata de un autorretrato emulando un selfi, o acaso una parodia con técnica de autorretrato en el que el fotógrafo se hace un selfi.
La foto está tomada en uno de los edificios que aún se mantienen en pie, en la cota 230 del complejo minero de Dícido (Castro Urdiales), en lo que a finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX fue una zona de intensa producción de mineral de hierro. Mi primera intención fue hacerme un autorretrato para que el espectador visualizara a un individuo en los huecos de la puerta y ventana, pero finalmente me incliné por traspasar la puerta y mostrar el interior de la ruina. Me sucede muy a menudo que el plan inicial se modifica en el momento de la ejecución, es como si el resultado del plato cocinado dependiera de los ingredientes que se van recolectando en la misma huerta.

Nada es esencialmente puro. No es fácil explicar esta fotografía acudiendo a verdades categóricas. Me esforzaré entonces por contar lo que es y lo que no es La intrusión del selfista:
No hay intención que pueda asemejarse con el pictorialismo en esta imagen, pero no puede desdeñarse que tal como acontece en este movimiento, el fotógrafo camina hacia la montaña y monta su propio estudio en una casa en ruinas. Mama del pictorialismo el hecho de acudir a una puesta en escena deliberada, pero no hay referentes artísticos inspiradores ni proclamas estéticas en esta fotografía. Tampoco es un autorretrato siguiendo el canon, sino más bien un retrato de un modelo en el que la persona retratada es el fotógrafo, pero no es el fotógrafo siendo, sino el fotógrafo actuando. ¿Y de qué actúa? De personaje selfista, un personaje que tal como puede observarse en la imagen se introduce en la ruina, vestigio de la actividad minera, toma fotos de forma compulsiva, una, dos, tres… y finalmente se hace un selfi. No se muestra en la imagen el objetivo del selfi, pero es sabido que Google ya sabe que Juantxu Bazán estuvo ahí.
En la imagen hay un personaje en tres momentos que transita sobre la ruina; no se explica las características de la ruina, lo que se explica es la paradoja de una fotografía que nace como documento pero termina siendo una imagen en la que prevalece la autoría sobre el contenido de la obra. Despojada del valor material de las fotografías de antaño, y cuestionada su mismidad como autorretrato, La intrusión del selfista contiene una narrativa que la hemos de interpretar en clave de postfotografía, o quizás sea más preciso afirmar que nuestra imagen se sitúa en la paradoja postfotográfica. No hay recuerdo, no hay documento, pues éste ha sido eclipsado por la omnipresencia del modelo: ora fotógrafo compulsivo, finalmente selfista con su móvil, antes de inscribirse en el enjambre digital. Nuestro hombre no tiene vocación artística, ni investigadora; su impulso narcisista se diluye en el ciberespacio, al alcance de todo el mundo pero organizado por las reglas de Facebook, Google, Tik Tok, o Twitter.
En el manifiesto de Joan Fontcuberta (2016) dirigido a los artistas en la era postfotográfica hay diez mandamientos que son un diagnóstico relacionado con el papel del artista y de la fotografía en los tiempos que tocan. De todos ellos quiero destacar el último predicamento:
La política del arte: no rendirse al glamur y al consumo para inscribirse en la acción de agitar conciencias. En un momento en que prepondera un arte convertido en mero género de la cultura, obcecado en la producción de mercancías artísticas y que se rige por las leyes del mercado y la industria del entretenimiento, puede estar bien sacarlo de debajo de los focos y de encima de las alfombras rojas para devolverlo a las trincheras.[1]
A las trincheras, o al monte. El fotógrafo que dispara y se entromete en las ruinas se dota de la visión del guerrillero montaraz y del pacífico paseante, con la cámara presta.
El fotógrafo aprende de los grandes maestros. He visitado numerosas ruinas como la que se escenifica y cuando conocí la obra de Jeff Walf, pensé en que podría familiarizarse con su magnífica Destroyed rom[2]. Nada que se le parezca. Aquí no hay escenografía elaborada, sino escena encontrada que no ha sido intervenida salvo en la disposición del actor. Tampoco se refleja el concepto de absorción que se mimetiza en la obra de Walf [3] pues no ha sido la intención del autor; muy al contrario, en este monólogo el papel del actor y la mirada del fotógrafo están en connivencia.
Sin embargo, podríamos constatar una cierto parentesco con las escenografías de Lorca di Corcia, especialmente en su serie Family and friends[4]. El fotógrafo está llamando la atención del espectador en un escenario que sabe real, y que ha sido teatralmente dispuesto para llamar su atención. La triada de protagonistas hacen fotos y se hacen selfis durante la intromisión, y siguen las poses dispuestas por el fotógrafo que, deliberadamente, ha dispuesto actitudes comunes a las de cualquier espectador. Pero a diferencia de di Corcia, la realidad se torna fantasmagórica por el recurso a la repetición, mostrando una personalidad esquizofrénica.
El espacio
El espacio en La intrusión del selfista constituye un elemento principal. El fotógrafo pretende que sus personajes se encuentren con un edificio en ruinas, se adentren y satisfagan su curiosidad. Para ello dedican un tiempo escaso, efímero, el suficiente como para apropiarse del botín digital, y seguir camino. No hay viaje, ni investigación; el paseante hace turismo y almacena cosas y lugares, las mete en imágenes que serán transmitidas ipso facto. Tal como he señalado, una ruina forma parte del paisaje, y explica la intervención humana sobre el mismo. En el caso que nos ocupa además de una imagen y un recurso fotográfico, la ruina es también un vestigio arqueológico, en este caso, de la arqueología industrial minera. Este edificio aparece en los croquis de las instalaciones mineras como casa Bernabé, en alusión al minero que la ocupaba y que cuidaba de las instalaciones.
La planta de la casa Bernabé está dividida en dos partes por un muro de mampostería. Se elige la parte más amplia en la que la toma pueda representar un espacio en el que disponer la coreografía.


La elección de la toma desde el muro norte viene determinada porque el fondo de la pared sur es más neutro evitando el grafiti que metía demasiado ruido en la imagen, y también por el hecho de incluir un elemento vegetal, la higuera que se introduce por uno de sus muros.
En esta disposición nuestro personaje vestido de negro se recrea en un espacio abandonado, otrora habitado, en el que se muestran los signos del paso del tiempo, un espacio en transformación cada vez más dominado por la intemperie.
Puesta en escena
Todo lo que observamos en esta foto es resultado de una puesta en escena premeditada, ejecutada, y postproducida. En ella se representa la esquizofrenia, un personaje se divide en tres, los tres fotografían. Uno fotografía una pared, o quizás uno de los ventanales; otro fotografía otra pared, o quizá al otro fotógrafo que resulta ser una repetición, en la locura de captar todo lo que acontece; y por fin, el personaje central se hace un selfi captando todo lo que allí acontece. Y lo que allí acontece es captado finalmente por el fotógrafo dando cuenta del primer mandamiento de la postfotografía: “no se trata de producir obras sino de prescribir sentidos«.
La ejecución de la puesta en escena utiliza un espacio y escenografía ya existente, nada se ha tocado, y nada se ha añadido. El escenario es suficientemente expresivo como para albergar el relato que se quiere transmitir y finalizada la sesión el espacio queda inalterado, aunque sometido al paso del tiempo.
Es obvio que la postproducción juega un papel esencial en la puesta en escena de esta fotografía, pues es a través del programa de manipulación de imágenes GIMP se recolocan los personajes, se define el encuadre y la composición, y se ajustan color, contraste y otros parámetros.
Termino a modo de adenda con las fotos del interior de la casa Bernabé que nos ha hecho ese fotógrafo que entró compulsivamente a captarlo todo para compartirlo ahora con nosotros:

Juantxu Bazán, 19 de julio 2023
[1] Plasencia, Inés. Enfoques teóricos en la fotografía, pág 38. Recurso de aprendizaje textual. Universidad Oberta de Catalunya.
[2] https://artlead.net/journal/modern-classics-jeff-wall-destroyed-room-1978/
[3] Castelló, Julio; Maderuelo, Ali A. Referencias y pretextos artísticos, págs. 38-39. Recurso de aprendizaje textual. Universidad Oberta de Catalunya. Se hace referencia al concepto de “absorción “en fotografía citando a Michael Fried(2008). Why photography matters as art as never before. New Haven: Yale University Press.
[4] Para observa buena parte de la obra de Lorca di Corcia: https://www.moma.org/artists/7027






Lo veo ahora porque hace bastantes días que no abria el correo. Me gusta mucho, pero mucho. La composición es excelente y la implicación y explicación de la historia también.
Enviado desde Correohttps://go.microsoft.com/fwlink/?LinkId=550986 para Windows
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