
Juantxu Bazán, 21 de noviembre de 2020

El 4 de oros es quizás la única carta en la que he cambiado el círculo por el cuadrado que define la pieza dorada. Las razones son obvias.
Lo que si diré es en que en todas o casi todas mis intervenciones sobre la baraja de Heraclio Fournier he respetado la imagen gráfica de la marca, aspecto que añade valor a la composición final.
Juantxu Bazán, a 21 de noviembre de 2020

Es difícil apreciar que la intervención sobre el As de Oros se adivine sea un collage. La única aportación es la venda que proviene de la prenda del cuello… y que posteriormente ha sido «teñida» en rojo con la herramienta Gimp de tratamiento de imágenes.
Es As está destinado a ser la primera cara de presentación del Juego de Naipes, y tan solo le puse una venda a la Primera Carta, ignorante de todo o que iba a suceder con la serie de oros que se presentará a continuación, en el que el simétrico orden ideado por Heraclio Fournier quedará desbaratado siguiendo un orden nuevo, una nueva disposición, que sorprenda a quien mira una imagen asentada en nuestra memoria y que queda perturbada de forma escandalosa.
Estas figuras visuales emparentan con figuras literarias como la sinestesia (en el caso del as de Oros parece obvio), y en el conjunto de la colección JUEGO DE NAIPES encontremos oximorones, paradojas, ironías e hipérboles en mayor o menor medida.
Juantxu Bazán, 21 de noviembre de 2020
Adenda
Incluyo hoy, una nueva versión, la antítesis de la anterior, en la que prevalece la mirada, justamente en la primera carta, aquella que antecede lo que va a 0currir en esta epopeya en la que se juega con los naipes.

Juantxu Bazán, 5 de marzo 2021

No sé las veces que he mirado el mar y el cielo desde este lugar, con el ocre de la arena a mis pies, tratando de imprimir en mi mirada los infinitos matices de colores, reflejos y formas en movimiento. El mar y el cielo desde esta playa, oráculo que evoca pensamientos que se desplazan entre las olas, el viento y la luz. Solo en el mar lejano, más allá de los espigones, se aprecia la quietud, algo confusa, que desliza su fuerza en la orilla escribiendo un pentagrama de mareas.
El boceto no ha evolucionado en acuarela acabada, he decidido que no le hace falta en este momento. Me basta saber que las pinceladas quieren recoger ese instante en el que la luz del cielo, gris y azul, permite esos turquesas en el mar (fundiendo verdes y azules) que parecen romperse en el blanco de la espuma para depositarse en la arena.
Volveré al mismo lugar, escenario que atrapa mi mirada, y volveré a pintar nuevos trazos que no precisen arte final… como una vida interminable que transcurre en el paisaje que se resiste a ser detenido en un instante.
Juantxu Bazán, 9 de noviembre de 2020
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